Quedan cuatro días. Es raro escribir eso y darme cuenta de que ya no suena lejano. Durante tanto tiempo ese momento ha sido solo una idea en mi cabeza, algo que estaba al final de un camino larguísimo y agotador, algo que parecía imposible de alcanzar cuando todo empezó a complicarse de verdad. Y ahora está aquí. Cuatro días solamente para ese día que llevo tanto tiempo esperando, el día en el que por fin consiga mi plaza después de todos estos años y pueda cerrar una etapa enorme de mi vida. Y no sé muy bien cómo me siento. O quizá sí, pero son demasiadas cosas a la vez. Estos días están siendo muy raros. Hay momentos en los que estoy triste, profundamente triste, sin una razón concreta más allá de todo el peso acumulado de estos años. En otros momentos tengo miedo. Miedo a lo que venga después, miedo a enfrentarme a algo tan grande después de haber sostenido durante tanto tiempo la tensión de llegar hasta aquí. Pero, al mismo tiempo, también estoy tranquilo. Y esa es la sensaci...