No sé muy bien por qué escribo esto. Quizá porque llevo tanto tiempo utilizando este blog para ordenar lo que siento que hoy no sabía hacer otra cosa. Esta noche me he sentado en un banco y he llorado durante más de una hora. Sin interrupciones. Sin poder levantarme. Hacía mucho tiempo que no me sentía así. Era como si todo el peso que llevo acumulando durante tantos años hubiera decidido caer de golpe. No era solo por un motivo concreto. Era por todo. Por la enfermedad. Por el cansancio. Por las personas que siento cada vez más lejos. Por la sensación de haber llegado al lugar al que tanto esfuerzo me costó llegar y descubrir que, aun así, sigo sin encontrarme. Mientras estaba allí sentado solo quería que alguien apareciera y se sentara a mi lado. No para decirme que todo iba a salir bien. Ni para buscar soluciones. Solo para no sentir que estaba atravesando ese momento completamente solo. A veces pienso que llevo tantos años intentando ser fuerte para los demás que ya ni siquiera sé ...
Creo que ya he tomado una decisión. Llevo semanas dándole vueltas, intentando convencerme de que quizá solo era una mala época, que necesitaba descansar un poco o dejar pasar el tiempo antes de hacer nada importante. Pero cuanto más pasan los días, más claro tengo que no es algo impulsivo. Es una decisión que ha ido creciendo muy despacio, casi sin que me diera cuenta, hasta el punto de que ya no puedo seguir ignorándola. El lunes he programado un correo. No es un correo cualquiera. Es el correo con el que voy a dejar mi trabajo. Es extraño escribir esa frase después de todo lo que ha significado para mí llegar hasta aquí. Durante años viví con un único objetivo: conseguir mi plaza en la universidad. Todo giraba alrededor de eso. Cada brote, cada noche sin dormir, cada vez que pensaba que la enfermedad me estaba quitando demasiado, encontraba fuerzas diciéndome que tenía que aguantar un poco más, que todavía quedaba una meta por alcanzar. Y la alcancé. Por eso entiendo perfectame...