La semana pasada fue mi cumpleaños. Y, por primera vez en bastante tiempo, me apetecía que fuera algo un poco distinto. No una gran celebración ni nada especialmente exagerado, pero sí algo que sintiera especial, una forma bonita de guardar ese día y despedirme bien de él. Al final no fui capaz. Me faltaron fuerzas para organizar nada de verdad y también sentí ausencias que me pesaron más de lo que esperaba. Aun así, tampoco sería justo decir que fue diferente a otros años, porque nunca he sido una persona de grandes celebraciones y mucho menos en estos últimos tiempos. Con los años, mi cumpleaños se ha ido convirtiendo más en un día de reflexión que en una fiesta, una fecha que pasa casi en silencio y que utilizo más para mirar atrás y pensar en cómo he llegado hasta aquí que para celebrar realmente nada ni esperar regalos sentidos. Esa noche, vi una película que se me ha quedado dando vueltas en la cabeza desde entonces. Se llama "El primer día de mi vida", una película i...
Hoy me apetecía escribir aquí. No para cerrar nada, ni para continuar con las cartas, ni para darle un sentido especial a lo que está pasando, sino simplemente porque necesitaba contar cómo estoy. Me he dado cuenta de que ahora mismo este es el único lugar donde realmente me siento a gusto para hacerlo. No es algo que haya decidido conscientemente, simplemente ha ido pasando poco a poco, casi sin darme cuenta, hasta que un día te paras y ves que este espacio se ha convertido en eso que antes encontrabas en otros lugares. Desde que dejé de ir al psicólogo, algo me hace falta. No es solo la sesión en sí, no es solo sentarse y hablar durante un rato; es todo lo que había alrededor de eso: la sensación de poder decir lo que fuera sin medirlo, sin tener que pensar en cómo iba a afectar, sin tener que filtrar lo que sentía. Era un espacio donde podía ser completamente honesto, incluso cuando lo que tenía que decir no tenía sentido o era contradictorio. Y ahora que ya no está, noto ese vacío....