Quedan cuatro días. Es raro escribir eso y darme cuenta de que ya no suena lejano. Durante tanto tiempo ese momento ha sido solo una idea en mi cabeza, algo que estaba al final de un camino larguísimo y agotador, algo que parecía imposible de alcanzar cuando todo empezó a complicarse de verdad. Y ahora está aquí. Cuatro días solamente para ese día que llevo tanto tiempo esperando, el día en el que por fin consiga mi plaza después de todos estos años y pueda cerrar una etapa enorme de mi vida. Y no sé muy bien cómo me siento. O quizá sí, pero son demasiadas cosas a la vez. Estos días están siendo muy raros. Hay momentos en los que estoy triste, profundamente triste, sin una razón concreta más allá de todo el peso acumulado de estos años. En otros momentos tengo miedo. Miedo a lo que venga después, miedo a enfrentarme a algo tan grande después de haber sostenido durante tanto tiempo la tensión de llegar hasta aquí. Pero, al mismo tiempo, también estoy tranquilo. Y esa es la sensaci...
La semana pasada fue mi cumpleaños. Y, por primera vez en bastante tiempo, me apetecía que fuera algo un poco distinto. No una gran celebración ni nada especialmente exagerado, pero sí algo que sintiera especial, una forma bonita de guardar ese día y despedirme bien de él. Al final no fui capaz. Me faltaron fuerzas para organizar nada de verdad y también sentí ausencias que me pesaron más de lo que esperaba. Aun así, tampoco sería justo decir que fue diferente a otros años, porque nunca he sido una persona de grandes celebraciones y mucho menos en estos últimos tiempos. Con los años, mi cumpleaños se ha ido convirtiendo más en un día de reflexión que en una fiesta, una fecha que pasa casi en silencio y que utilizo más para mirar atrás y pensar en cómo he llegado hasta aquí que para celebrar realmente nada ni esperar regalos sentidos. Esa noche, vi una película que se me ha quedado dando vueltas en la cabeza desde entonces. Se llama "El primer día de mi vida", una película i...