Empiezo a ver el final. No como algo lejano o abstracto, sino como algo concreto, cercano, real. Cada vez más definido, aunque todavía no tenga un día exacto marcado en el calendario. Sé que será en mayo. En un mes. En un mes lo habré conseguido. Y es extraño cómo estoy viviendo este momento. Porque desde fuera, para cualquiera, esto sería simplemente una meta profesional, algo que antes o después iba a llegar, un paso más, un objetivo cumplido dentro de una trayectoria que parecía encaminada desde hace tiempo. Pero para mí no es eso. Para mí no es un trabajo. Es un cierre. Es el último logro que siento que voy a ser capaz de obtener, no porque no pudiera aspirar a más en otras circunstancias, sino porque sé todo lo que ha habido detrás de este camino, todo lo que no se ve, todo lo que no se cuenta. La gente ve el resultado, pero no ve el proceso. No ve los días en los que el cuerpo no respondía, no ve las veces que he tenido que parar cuando lo único que quería era seguir, no ve el mi...
Ayer tuve otro episodio. Salí a pasear, como tantas otras veces, sin pensar demasiado. Intento mantener esas pequeñas rutinas, aunque cada vez me cueste más. Y en un momento dado, sin darme cuenta de cómo, me encontré en un sitio conocido. La plaza de toros de Madrid. La reconocí al instante. Sabía dónde estaba. Pero no sabía cómo había llegado allí. Ese es el problema. No es no reconocer las cosas. Es reconocerlas y no saber qué haces allí. Es como si alguien hubiera cortado una parte del camino y te dejara directamente en el destino, sin contexto, sin recorrido, sin explicación. Me quedé unos minutos parado, intentando reconstruir algo en mi cabeza. Pensando hacia atrás. Buscando una secuencia lógica que no aparecía. Y en esos momentos es cuando empieza el miedo. Porque no sabes cuánto falta. Ni cuánto has perdido. Ni si va a volver. Al final hice lo que ya tengo aprendido. Saqué el móvil y abrí las notas que tengo preparadas para estos momentos. Ahí tengo l...