Ayer tuve otro episodio. Salí a pasear, como tantas otras veces, sin pensar demasiado. Intento mantener esas pequeñas rutinas, aunque cada vez me cueste más. Y en un momento dado, sin darme cuenta de cómo, me encontré en un sitio conocido. La plaza de toros de Madrid. La reconocí al instante. Sabía dónde estaba. Pero no sabía cómo había llegado allí. Ese es el problema. No es no reconocer las cosas. Es reconocerlas y no saber qué haces allí. Es como si alguien hubiera cortado una parte del camino y te dejara directamente en el destino, sin contexto, sin recorrido, sin explicación. Me quedé unos minutos parado, intentando reconstruir algo en mi cabeza. Pensando hacia atrás. Buscando una secuencia lógica que no aparecía. Y en esos momentos es cuando empieza el miedo. Porque no sabes cuánto falta. Ni cuánto has perdido. Ni si va a volver. Al final hice lo que ya tengo aprendido. Saqué el móvil y abrí las notas que tengo preparadas para estos momentos. Ahí tengo l...
Hoy he vuelto a consulta. Hacía meses que no iba. Demasiados. Y no ha sido una vuelta para retomar nada, ni para seguir trabajando, ni para intentar encontrar respuestas nuevas. He ido porque sentía que tenía que hacerlo. Porque después de estos dos últimos años, no podía irme sin despedirme bien. Porque hay despedidas que uno necesita hacer en voz alta, mirándose a los ojos con la persona que ha estado ahí cuando uno más se ha desordenado por dentro. Entrar hoy en la consulta ha sido extraño. Todo me resultaba familiar y ajeno al mismo tiempo. El mismo espacio, la misma silla, el mismo silencio inicial que siempre costaba romper… pero yo ya no era el mismo. Ni el que empezó ni el que venía hace unos meses. Me he sentado y, por un momento, he sentido todo el peso de lo que ha pasado en este tiempo, como si cada sesión anterior estuviera ahí, acumulada en ese mismo lugar. Hace tiempo que dejé de acudir. No por rechazo, ni por cansancio, ni porque no me estuviera sirviendo. Todo lo co...