Hoy he vuelto a consulta. Hacía meses que no iba. Demasiados. Y no ha sido una vuelta para retomar nada, ni para seguir trabajando, ni para intentar encontrar respuestas nuevas. He ido porque sentía que tenía que hacerlo. Porque después de estos dos últimos años, no podía irme sin despedirme bien. Porque hay despedidas que uno necesita hacer en voz alta, mirándose a los ojos con la persona que ha estado ahí cuando uno más se ha desordenado por dentro. Entrar hoy en la consulta ha sido extraño. Todo me resultaba familiar y ajeno al mismo tiempo. El mismo espacio, la misma silla, el mismo silencio inicial que siempre costaba romper… pero yo ya no era el mismo. Ni el que empezó ni el que venía hace unos meses. Me he sentado y, por un momento, he sentido todo el peso de lo que ha pasado en este tiempo, como si cada sesión anterior estuviera ahí, acumulada en ese mismo lugar. Hace tiempo que dejé de acudir. No por rechazo, ni por cansancio, ni porque no me estuviera sirviendo. Todo lo co...