Antes de escribir esta última entrada, me he detenido un rato largo. Más de lo habitual. He releído cosas antiguas; he bajado por este blog como quien recorre una casa antes de cerrarla para siempre. Cada entrada ha sido como abrir un cajón distinto: algunos estaban llenos de ruido, otros de silencio, otros de recuerdos que todavía pesan al tocarlos. No buscaba corregir nada ni cambiar el pasado, solo mirarlo con la distancia suficiente para entender qué fue este lugar para mí.
Este blog apareció en un momento
en el que no tenía casi nada claro. Ni el cuerpo, ni la cabeza, ni el futuro.
Apareció cuando escribir era la única forma que tenía de no sentirme
completamente solo con lo que me estaba pasando. Aquí no vine a buscar respuestas,
vine a dejar preguntas. A veces muy torpes, a veces muy oscuras. Pero eran
mías y necesitaban un sitio donde quedarse.
Nunca supe exactamente cuándo
esto comenzó a ser mi lugar seguro, pero ahora puedo verlo con claridad.
Este blog no fue un proyecto ni una idea brillante ni algo planeado con
lógica. Fue, y durante mucho tiempo siguió siendo, el rincón donde venía a
vaciar todo lo que no podía decir en voz alta: el peso de sentir que cada día
era un cuerpo que sobrevivía por inercia, la verdad cruda de levantarme sin
ilusión y sin motivo claro, y el eco de una mente que se iba resquebrajando
poco a poco. Este blog fue el sitio donde las palabras encontraron aire para
existir cuando todo lo demás me apretaba demasiado.
Aquí escribí cuando no encontraba
sentido a seguir. Cuando el futuro era una palabra lejana, ajena, casi
ofensiva. Aquí dejé constancia de días en los que simplemente existir ya era un
esfuerzo, de momentos en los que me sentía cayendo sin freno, con la sensación
de que nada me esperaba abajo. Escribir fue entonces una forma de no
desaparecer del todo, aunque fuera solo sobre el papel.
También fue aquí donde aprendí
que escribir no siempre alivia. A veces solo ordena el dolor. A veces lo deja
más claro. A veces lo fija. Y aun así, durante mucho tiempo, eso fue mejor que
llevarlo todo dentro sin nombre. Ponerle palabras a lo que dolía era, al menos,
una manera de mirarlo de frente.
También fue aquí donde hablé de
la enfermedad sin disfraces. De los brotes, de la incertidumbre constante, de
esa sensación de vivir con una amenaza silenciosa que no avisa, que no pide
permiso y que siempre vuelve. De lo difícil que es recuperar algo sabiendo que
puede volver a perderse. De cómo cada pequeño avance llevaba consigo el miedo
al siguiente retroceso. Este blog recogió esas contradicciones: la gratitud por
lo que el cuerpo aún hacía y el duelo por lo que ya no podía.
Aquí también aparecieron las
pérdidas. Algunas evidentes, otras más sutiles. Personas que se fueron, etapas
que se cerraron sin ceremonias, versiones de mí que tuve que dejar atrás. Aquí
hablé de mi padre, del vacío que dejó y de lo extraño que es aprender a vivir
con una ausencia que no se acomoda nunca del todo. Aquí escribí sobre la
memoria, sobre lo frágil que puede ser, sobre el miedo de no poder confiar ni
siquiera en mis propios recuerdos.
Durante mucho tiempo este blog
fue una especie de diario de resistencia. No siempre optimista, no siempre
esperanzado, pero honesto. Aquí no vine a dar lecciones ni a buscar respuestas
claras. Vine a decir “esto es lo que hay hoy”, aunque lo que hubiera fuera
dolor, cansancio o una tristeza difícil de explicar. Y eso, durante un tiempo,
fue necesario.
Pero con los años también he
entendido algo más: que escribir así, con tanta verdad, me deja completamente
expuesto. Que abrir esta puerta una y otra vez me impide cerrar otras. Que si
sigo dando salida a todo lo que siento de verdad, no voy a poder bloquearlo; no
voy a poder protegerme de ello cuando necesito funcionar, cuando necesito
seguir adelante sin que todo pese tanto.
Este blog nació sin un plan
claro. No era un proyecto ni una idea bien pensada. Fue, simplemente, un lugar
tranquilo. Un rincón al que venir cuando dentro había demasiado ruido. Aquí he
podido escribir lo que sentía sin filtros, sin tener que explicarme, sin
preocuparme por cómo sonaba hacia fuera. Durante mucho tiempo, estas palabras
han sido una forma de respirar.
He dejado aquí partes muy mías.
Días buenos, días malos, miedos, cansancio, pérdidas. Cosas que no siempre
sabía cómo decir en voz alta, pero que necesitaban salir de alguna manera. Y
este espacio me lo permitió. Fue un refugio cuando no encontraba otro sitio donde
estar.
Pero también he aprendido algo
con el tiempo: que escribir lo que siento de verdad me abre por completo. Y
ahora mismo necesito justo lo contrario. Necesito seguir adelante sin pesar en
el resto, sin que lo que llevo dentro se convierta en algo que tenga que ser
sostenido por otros. Necesito poner una sonrisa, seguir caminando, hacer lo que
toca y no quedarme atrapado en lo que duele.
Este blog ha sido honesto.
Demasiado honesto, quizá. Y si sigo dándole salida a todo lo que siento, no voy
a poder bloquearlo. No voy a poder protegerme. No voy a poder avanzar como he
decidido hacerlo ahora. Por eso, cerrar este espacio también es una forma de
cuidarme, aunque suene contradictorio.
Y hay otra razón, quizá la más
importante. He aprendido, a veces demasiado tarde, que lo que escribía aquí no
se quedaba solo en mí. Que las palabras pesan también en quienes las leen. Que
el dolor compartido, aunque nazca de la honestidad, puede convertirse en una
carga para otros. Y sin darme cuenta, he puesto un peso enorme sobre personas
que no lo merecían. Personas que querían ayudar, que estaban ahí, pero a las
que fui dejando trozos de algo que ni yo mismo sabía sostener.
No quiero seguir haciendo eso. No
quiero preocuparme más. No quiero que quienes me quieren vivan pendientes de si
hoy estoy bien o mal, de si he escrito o no, de lo que se esconde entre líneas.
Quiero seguir estando para ellos, de verdad. Estar cuando me necesiten.
Escuchar. Acompañar. Ayudar en lo que pueda. Pero no quiero que tengan que
cargar conmigo.
Cerrar este blog también es una forma de marcar un límite. De decir: hasta aquí llega lo que comparto, hasta
aquí llega lo que expongo. El resto necesito guardarlo para poder seguir. No
por desconfianza, sino por cuidado. Cuidarme a mí y cuidar a los demás.
He entendido que estar para la
gente que quiero no siempre significa contarlo todo. A veces significa justo lo
contrario: retirarse un poco, dejar espacio, permitir que la vida de los demás
siga sin estar atravesada constantemente por mis sombras. Ayudar cuando haga
falta, y el resto del tiempo apartarme, dejar vivir.
No es desaparecer. Es colocarse
en otro sitio.
También sé que no es la primera
vez que decido parar. Otras veces ya cerré este blog durante un tiempo. Lo hice
por motivos distintos: por agotamiento, por miedo, por necesidad de silencio.
Siempre fue una pausa, un “ya volveré”, una puerta entornada. Y, de una forma u
otra, siempre regresé. Porque todavía necesitaba escribir. Porque todavía
necesitaba este lugar.
Esta vez es distinto. No es una
pausa. No es un descanso. Es un cierre consciente. No porque este blog ya no
sirva, sino porque a mí ya no me sirve seguir escribiendo aquí. Porque
necesito avanzar sin mirar atrás constantemente. Porque necesito que este
capítulo quede completo, sin puntos suspensivos.
Eso no significa borrar nada. No
significa hacer desaparecer lo que fue. No voy a cerrar el blog del todo como
otras veces. Lo voy a dejar aquí, abierto. Para quien quiera leerlo. Para quien
llegue perdido y encuentre alguna frase que le acompañe. Para quien necesite
saber que no está solo, que alguien pasó por algo parecido y lo dejó escrito.
Si algo de todo lo que hay aquí
sirve a alguien, aunque sea una línea, aunque sea un día, entonces habrá tenido
sentido. Este lugar ya no será para mí, pero puede seguir siendo para otros. Y
eso me parece una buena forma de despedirme.
Cerrar aquí no significa olvidar
lo vivido. Significa guardarlo de otra manera. Significa aceptar que hay
capítulos que ya cumplieron su función y que seguir releyéndolos no los mejora,
solo los alarga. Hay heridas que necesitan silencio para cicatrizar, aunque
nunca desaparezcan del todo.
No me voy enfadado. No me voy
triste. Me voy agradecido. Porque aquí encontré calma cuando la necesitaba.
Porque estas páginas me acompañaron cuando me sentía solo. Porque escribir aquí
fue, durante mucho tiempo, una manera de sostenerme.
Hoy elijo seguir por otro camino.
Más silencioso. Más hacia dentro. Con menos palabras y más gesto. Con menos
explicaciones y más presencia. Con la intención de no preocupar, de no cargar,
de no detener a nadie. Seguir, simplemente seguir.
Cerrar este blog no significa que
todo esté resuelto. No significa que el dolor haya desaparecido ni que la
enfermedad haya dejado de estar ahí. Significa que he decidido no hacer de ello
el centro visible de mi vida. Hay batallas que se siguen librando en
silencio. Hay cosas que, a partir de ahora, necesito guardarme para poder
avanzar.
Este lugar se queda aquí. Como un
refugio que cumplió su función. Como una habitación a la que siempre podré
mirar sabiendo que fue real. Que no mentí. Que no edulcoré nada. Que escribí
como pude y cuando pude.
Y yo también sigo.
Sigo con lo aprendido. Sigo con
lo vivido. Sigo con lo que no se escribió, pero también cuenta.
Sigo sabiendo que este espacio
existió y que fue importante. Sigo llevándome lo que me dio, aunque ya no
vuelva a él. Sigo entendiendo que cerrar algo no siempre es perderlo; a veces
es colocarlo en el lugar que le corresponde.
Gracias por leer. Gracias por
estar. Hasta aquí.
Es curioso que justo hoy sea el fin de este blog, el día en que mi padre se fue hace un año y del que nadie se ha acordado hoy, sólo mi madre y yo. Ha sido un día complicado: muchos recuerdos y una sensación de soledad muy desagradable. Al final la gente pasa página y quedas en el olvido. Y quizá por eso quiero cerrar con
esta canción: Don't You (Forget About Me). No como una súplica ni como
un drama, sino como una forma honesta de decir que esto existió. Que pasó por
aquí, que dejé algo de mí en estas palabras y que ahora sigo adelante. No pido
que nadie se quede ni que mire atrás constantemente; solo que, si algún día
alguien vuelve a este rincón, recuerde que fue real, que fue sincero, que fue
un lugar donde se dijo la verdad sin adornos. Me voy sin hacer ruido, pero no
me borro. Y con eso, es suficiente.
Comentarios
Publicar un comentario