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Mostrando entradas de julio, 2026

Post 140. El punto final

Durante mucho tiempo pensé que este blog existía únicamente para ayudarme a sobrevivir. Empezó siendo eso. Un lugar donde dejar por escrito todo aquello que no era capaz de decir en voz alta. Un sitio donde vaciar el miedo, la rabia, la incertidumbre y la tristeza. Siempre me ha resultado mucho más fácil escribir que hablar. Escribiendo siento que puedo ordenar el caos que llevo dentro y entenderme un poco mejor. Con el tiempo descubrí que, al otro lado de la pantalla, había personas leyendo estas palabras. Algunas me escribisteis para contarme vuestra historia. Otras para decirme que una entrada os había ayudado a afrontar un brote, un diagnóstico o simplemente un día especialmente difícil. Nunca imaginé que algo que nació siendo un desahogo tan íntimo pudiera convertirse, aunque solo fuera para unas pocas personas, en un lugar donde sentirse un poco menos solo. Y os puedo asegurar que cada uno de esos mensajes ha merecido la pena. Pero estos últimos meses también me han hecho darme c...

Las piezas empiezan a encajar

Hay una sensación extraña cuando empiezas a comprender cosas de tu propia vida que llevaban años delante de ti y, aun así, nunca habías sido capaz de relacionar. Estos días estoy hablando mucho con mi psicólogo. Probablemente más que nunca. Después de haber abierto la puerta de aquellos recuerdos que llevaba tanto tiempo intentando mantener cerrados, las conversaciones han sido intensas, incómodas y, en ocasiones, dolorosas. Sin embargo, entre todo ese dolor, también empiezan a aparecer respuestas. No respuestas que cambien el pasado, porque eso es imposible, sino respuestas que me ayuden a entender por qué llevo tantos años viviendo de la manera en que lo he hecho. Hasta ahora siempre había pensado que mi forma de afrontar la esclerosis era simplemente una cuestión de carácter. Que yo era así. Que prefería no hablar de la enfermedad, contársela únicamente a las personas más cercanas e intentar soportarlo todo por mi cuenta. Creía que era independencia, que era fortaleza o, incluso, ...

Distancia

  Hay una frase que llevo repitiéndome toda la vida sin darme cuenta: "Lo mejor es que me aleje." Es una frase que aparece siempre que siento que mi dolor empieza a rozar a las personas que quiero. No importa cuál sea el motivo. Da igual que antes fuera la esclerosis y ahora sean los recuerdos que estoy removiendo en terapia. En cuanto tengo la sensación de que alguien puede sufrir por mi culpa, mi primer impulso es desaparecer un poco, hacerme pequeño, convencerme de que mi ausencia será más fácil de llevar que mi presencia. Nunca me había parado a pensar de dónde venía esa forma de actuar, pero ahora empiezo a sospechar que tiene mucho que ver con haber pasado tantos años aprendiendo que lo más seguro era guardar silencio y cargar con todo yo solo. Cuando llevas media vida creyendo que tus heridas solo sirven para preocupar a los demás, acabas pensando que querer también consiste en esconderlas. Anoche tuve una conversación con mi ancla que me hizo pensar mucho en todo est...

La puerta del almacén

Antes de empezar quiero hacer una pequeña excepción. Quienes lleváis tiempo leyendo este blog sabéis que casi siempre escribo sobre la esclerosis múltiple, sobre cómo la enfermedad va cambiando mi vida y sobre las emociones que deja a su paso. Hoy, sin embargo, no voy a hablar de eso. O, al menos, no directamente. Hoy necesito escribir sobre un episodio de mi vida que ocurrió muchos años antes de que la esclerosis apareciera, pero que, de una forma u otra, también ha condicionado a la persona que soy. Durante demasiado tiempo he intentado mantener este recuerdo encerrado en un lugar al que ni siquiera yo quería asomarme. Solo mi psicólogo conoce esta historia con cierta profundidad. Nunca he sido capaz de compartirla realmente con nadie más. Quizá porque ponerle palabras la hace demasiado real. Quizá porque durante muchos años he preferido convencerme de que, si no hablaba de ello, acabaría desapareciendo. Hoy sé que eso nunca ocurrió. Así que esta entrada no nace para buscar compasión...

Otra puerta cerrada

Hay días en los que uno ya sabe cuál va a ser la respuesta antes incluso de escucharla. Ayer iba camino del hospital con esa sensación. Intentaba convencerme de que no me hiciera ilusiones, de que era mejor ir preparado para otro "no", porque así dolería menos. Pero, por mucho que uno se repita eso una y otra vez, siempre queda una pequeña parte que sigue esperando que esta vez sea diferente. Una parte muy pequeña, casi escondida, pero suficiente para que, cuando la puerta vuelve a cerrarse, el golpe siga siendo igual de fuerte. Ayer recibí la tercera negativa para entrar en un ensayo clínico. Otra vez. Otra vez las pruebas. Otra vez las analíticas, las revisiones, las llamadas, la espera. Otra vez permitirme imaginar, aunque solo fuera durante unos días, que quizá esta vez habría una oportunidad para cambiar el rumbo de la enfermedad. Y otra vez volver a casa exactamente igual que salí, pero con un poco menos de esperanza. No culpo a nadie. Sé que estas decisiones dependen d...