Antes de escribir esta última entrada, me he detenido un rato largo. Más de lo habitual. He releído cosas antiguas; he bajado por este blog como quien recorre una casa antes de cerrarla para siempre. Cada entrada ha sido como abrir un cajón distinto: algunos estaban llenos de ruido, otros de silencio, otros de recuerdos que todavía pesan al tocarlos. No buscaba corregir nada ni cambiar el pasado, solo mirarlo con la distancia suficiente para entender qué fue este lugar para mí. Este blog apareció en un momento en el que no tenía casi nada claro. Ni el cuerpo, ni la cabeza, ni el futuro. Apareció cuando escribir era la única forma que tenía de no sentirme completamente solo con lo que me estaba pasando. Aquí no vine a buscar respuestas, vine a dejar preguntas. A veces muy torpes, a veces muy oscuras. Pero eran mías y necesitaban un sitio donde quedarse. Nunca supe exactamente cuándo esto comenzó a ser mi lugar seguro , pero ahora puedo verlo con claridad. Este blog no fue un p...
Ayer tuve otro brote. Esta vez no fue el cuerpo. Fue la memoria y quizá es lo que más miedo me da de todo esto. Volví a casa después de pasear al perro. Nada fuera de lo normal: dejar la correa, quitarme las zapatillas, mirar el reloj casi sin pensar. Y entonces lo vi. Era la hora de cambiar el tipo de máquina de oxígeno de mi padre, esa hora que durante tanto tiempo marcó el ritmo de la casa, como si todo girara alrededor de ese pequeño ritual. Fui directo a hacerlo, pero no encontré la máquina y mi padre tampoco estaba. Me quedé quieto, literalmente quieto, como si el cuerpo se hubiera quedado sin instrucciones. Durante unos segundos, no sé cuántos, todo fue ruido por dentro. Pensé si tendría cita médica, pero era sábado y lo descarté enseguida. Pensé si le habría pasado algo, si habrían tenido que ir a urgencias, si alguien habría venido a buscarlo mientras yo estaba fuera. Pero nada encajaba. No tenía sentido. Si solo había bajado a pasear al perro. Y entonces apareció el pensa...