Durante mucho tiempo pensé que este blog existía únicamente para ayudarme a sobrevivir. Empezó siendo eso. Un lugar donde dejar por escrito todo aquello que no era capaz de decir en voz alta. Un sitio donde vaciar el miedo, la rabia, la incertidumbre y la tristeza. Siempre me ha resultado mucho más fácil escribir que hablar. Escribiendo siento que puedo ordenar el caos que llevo dentro y entenderme un poco mejor. Con el tiempo descubrí que, al otro lado de la pantalla, había personas leyendo estas palabras. Algunas me escribisteis para contarme vuestra historia. Otras para decirme que una entrada os había ayudado a afrontar un brote, un diagnóstico o simplemente un día especialmente difícil. Nunca imaginé que algo que nació siendo un desahogo tan íntimo pudiera convertirse, aunque solo fuera para unas pocas personas, en un lugar donde sentirse un poco menos solo. Y os puedo asegurar que cada uno de esos mensajes ha merecido la pena. Pero estos últimos meses también me han hecho darme c...